56 Poemas tristes 

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LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
- ginebra y cerveza, por ejemplo -
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en "Dulce pájaro de juventud"
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre "Le livre des masques" de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas

Autor del poema: Leopoldo María Panero

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MACABRO EPIDÉMICO

Indecoroso es aquel que aborrece
la apariencia de su envoltura carnal,
el tejido fugaz cosido sobre el hueso,
la vestidura del esqueleto,
el ropaje ni vellón ni pelo,
la capa del mal y la desesperación,
el velo largamente violado
por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
odio mi vestido epidérmico,
la salvaje obscenidad de la sangre,
los andrajos de mi anatomía,
y voluntariamente haría caso omiso
de los falsos atavíos del sentido,
para dormir impúdicamente, como el más
encarnado y carnal espectro.

Autor del poema: Theodore Roethke

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Ciudadano de la ausencia

Enviado por erikdelacalle  Seguir

hoy ya no soy el dueño del mundo

las calles se han vuelto ajenas

igual que la tierra bajo mis pies



esta aguacero canalla que no perdona

y exige refugiarme

cuando no tengo mano qué tomar

ni santo al que acogerme

también ha dejado de ser mío



ya no es mía esta ciudad ni el lodo de sus charcos

las vitrinas húmedas me devuelven un reflejo forastero

las luces de los autos no dejan rincón de oscuridad donde esconderme



en esta precisa noche en la que me he convertido

en el tesorero de todos los números rojos de tu contabilidad

en esta malaventurada noche en la que ya nada es mío

(ni volverá a serlo nunca)

el sol trasnochado se despidió invitándome al país de la tormenta sin fin



camino
camino
camino
y camino

para ganar la carrera al nubazón

al menos por unos segundos

y así olvidar todo

menos mi única protección



ángel de la fuerza, defiéndeme

príncipe de las tinieblas, cuídame



cuídame

porque no soy de lo peor que ha parido esta ciudad



y aunque no soy de aquí

ni de allá

no me rehuso a aquí

ni renuncio a allá



humanamente osado de creer que soy y pertenezco

a un pedazo de mundo que no me pertenece

llamaré hogar a cualquier piedra que me cubra

y desde ahí incapaz de escapar de mí

abrazaré gustoso esta soledad que me congela y me persigue

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Alas rotas

Enviado por fridah  Seguir

Yo era como un ángel que volaba tranquilamente en el cielo, todos los días la brisa rozaba mi rostro de una manera tan delicada que me sentía en calma.
El aire alborotada mi cabello de oro, los rizos se despeinaban lentamente hasta que mi cabello se volvía una melena gruesa y salvaje.
El aroma que desprendían de las rosas me hacía suspirar de una manera tan apasionada, las nubes eran tan suaves y sedosas que de ellas no queria despegarme.
Lo que mis pequeños ojos color esmeralda estaban a punto de observar era algo increíblemente inoportuno.
A lo lejos pude divisar otro ángel, su cabello era sedoso, sus ojos eran tan azules como el agua cristalina que recorrían las corriente de los ríos, todas las aves cantaban en conjunto una hermosa melodía.

Jamas habia visto tan bello atardecer como en aquel dia en el que tú te apareciste, el sol se hacia aun mas amarillento y grande, podía sentir el aire fresco sobre mis alas, pense que como todo giraba a tu entorno, serias alguien realmente especial de gran corazón, un alma gentil y humilde, un ángel guardián de todos aquellos que no contaban con sus alas. De aquellos que tenían malos sentimientos, malos pensamientos, visualización del mundo de una forma incorrecta.
En realidad solo llevabas un disfraz, engañabas a todo aquel que se atravesaba a lo largo de tu paso, esas alas blancas que representaban honor y pureza.
Eran algo que a ti claramente no te pertenecian, al acercarte mas a mi pude observar en tu mirada que no eras puro de corazón que mientras mas sonries mas oscuro se vuelve el mundo y es así que cuando deje que te acercaras mucho más a mi, un dolor profundo recorrió alrededor de mi espalda y pecho. Mis alas habías cortado de una manera tan cruel, mis lagrimas cayeron de poco a poco y del cielo me derrumbe.

"POEMA SOBRE LAS FALSAS IDENTIDADES DE LAS PERSONAS"

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PRELUDIO

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que —ensombrecido en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas—
guarda un ángel de sueño en la ventana.
¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?
Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar
¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
—así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra—
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.
¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí, entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?
Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí —escapada al dardo
tenaz de la estatura—
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?
Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira —como un soplo— cauta
sobre bisagras de secreta lama,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

Autor del poema: José Gorostiza

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EL PESO SOBRE LOS HOMBROS HOY...

Enviado por yedra  Seguir

EL PESO SOBRE LOS HOMBROS


Hoy te recordé.
Hacia tanto tiempo que no lo hacía...
Me sentí triste a lo largo del día...
contrariedades,problemas y sinsabores que colocaban un velo de melancolía en mi caminar por esas calles medio desiertas.



A veces no se puede evitar ver un túnel oscuro delante de los ojos
y el desaliento invade sin querer los recovecos del corazón.
Y en ese triste caminar,te recordé padre.
¿Cuantas veces habrás sentido,padre,este peso sobre los hombros?
El peso de los días tristes,de los sueños que no se cumplen...de que casi nada se ajusta a tus deseos e ilusiones.

¿Cuántas veces no habrás podido conciliar el sueño,por pensamientos inquietos? ¿cuantas veces el temor al porvenir te ha pesado en el corazón?

Hoy yo siento este peso sobre los hombros,como sin duda tu lo sentiste en tu caminar, ¡y hoy,querido padre! ¡me acordé de ti!


Mañana será otro día,quizás me olvidare por un día más del peso que nos agobia en la vida,y sonreiré y las preocupaciones volarán sobre otros cielos,pero no podré olvidarme de ti y de que a estas alturas de la vida...compartimos ese mismo peso sobre los hombros,que ayer tú sentiste y hoy yo siento.

Y te comprendo hoy padre,lo que no te pude comprender en días pasados,pues ya recorro ese mismo camino que tu ya cruzaste y hoy me toca cruzar a mi.


A MI PADRE,

Autor:yedra

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