56 Poemas tristes 

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TE TENDIERON LA MANO EN EL...

Enviado por don_nadie  Seguir

Te tendieron la mano en el precipicio
Pero nunca la tomaste
Pendiendo de un hilo te quedaste
Anhelando ese suplicio

La soga siempre estuvo en el pozo
Y la usaste para ahorcarte
En un vaso de agua te ahogaste
Y te condenaste, en tu propio calabozo

Paso el tiempo en tu tormento
Y te das cuenta que esa mano
Ya no está más a tu lado
En el filo del acantilado
Vio que su ayuda era en vano
Y que sus palabras se las llevo el viento

Y ahora que el pozo se hizo abismo
Y el vaso de agua, un tortuoso mar
Imploras por la soga y escapar
De ese horrido espejismo

Pero ahora estas solo
Como siempre lo quisiste
Y ahora que lo estas, ya no quieres
Porque sabes que no puedes
Surcar la tempestad
En completa soledad

Y buscas la salida
Pero no tienes salvación
A tu propia maldición
Porque cada alma perdida
Sabe cómo acabara
Y elige el árbol y la soga
Con la que se le ahorcará

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VACÍO

Enviado por don_nadie  Seguir

——————VACÍO——————

Vamos, grita
en vano, el sonido no viaja
en el insondable vacío metafísico,
cosmonauta, crea un sol onírico
o si no, frio y solo, vaga,
sin astro, sin tierra, sin órbita.

Pero no…
no caigas,
en su sueño delta
de hibernación eterna,
sólo calla,
si…

Vamos, calla…
¿lo escuchas? es tu alma,
en el insondable vacío metafísico
el silencio es la lengua de lo lírico,
ve… sin su norte, sin su hogar, sin su alba
rompe ya el orbe, y con él, la cuarta pantalla.

——————Don Nadie——————

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Noche

Enviado por louis  Seguir

Vacía la noche que deja caer el llanto de una madre despechada, el dolor causado por su excéntrico hijo.

¡Que despreció¡!Que pecado pago la madre¡ ¿Quien la hizo tan desgraciada? Mi pobre señora.

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MAÑANA LENTA

Mañana lenta,
cielo azul,
campo verde,
tierra vinariega.
Y tú, mañana, que me llevas.
carreta
demasiado lenta,
carreta demasiado llena
de mi hierba nueva,
temblorosa y fresca,
que ha de llegar —sin darme cuenta—
seca.

Autor del poema: Dámaso Alonso

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depedida

Enviado por daniel  Seguir

Quizás te diga un día, que dejé
de quererte, aunque siga
queriéndote más allá de la
muerte ;y acaso no comprendas
en esta despedida, que, aunque
el amor nos une,
nos separa la vida.
Quizás te diga un día que se
me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte
mejor, porque el amor nos
ciega, pero vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados, ven
mejor que estando abiertos.
Quizás te diga un día, que
dejé de quererte, aunque siga
queriéndote más allá de la
muerte; y acaso no
comprendas en esa
despedida, que nos
quedamos juntos
para toda la vida.

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PARA TI

Por ti, para que tú un día llegaras,
¿no respiraba yo a media noche
el flujo que ascendía de las noches?
Porque esperaba, con magnificencias
casi inagotables, saciar tu rostro
cuando reposó una vez contra el mío
en infinita suposición.
Silencioso se hizo espacio en mis rasgos;
para responder a tu gran mirada
se espejaba, se ahondaba mi sangre.
¡Qué expresión fue sembrada en mi interior
para que, cuando crece tu sonrisa,
proyecte sobre ti espacio cósmico!
Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde.
Precipitaros, ángeles, sobre este
linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!

Autor del poema: Rainer Maria Rilke

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ESTÁN POR TODOS LADOS

Los oledores de tragedias están
por todos lados
se levantan a la mañana
y empiezan a encontrar las cosas
mal.
Y se sumergen
en la rabia,
una rabia que dura hasta
que se van a la cama,
e incluso ahí
se retuercen en su
insomnio,
incapaces de quitar
de sus mentes
los pequeños obstáculos
que han hallado.
Se sienten en contra,
es un complot.
Y por estar constantemente
furiosos sienten que
siempre tienen
razón.
Los ves en el tráfico
tocando bocina como salvajes
ante la más leve infracción,
puteando
desparramando sus
insultos.
Los sentís
en las colas
de los bancos,
de los supermercados,
de los cines
presionan
en tu espalda
te pisan los talones
están impacientes por
una furia.
Están por todos lados
y en
todas las cosas,
esas almas
violentamente
infelices.
En realidad están asustados,
como siempre quieren
tener razón
fustigan
sin cesar...
es un mal
una enfermedad de
esa raza.
El primero de ellos
que vi fue
mi padre
y desde entonces
he visto mil padres
malgastando sus vidas
en el odio,
arrojando sus vidas
al pozo ciego
y gritando
enloquecidos.

Autor del poema: Charles Bukowski

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Las hojas al viento

Enviado por axel  Seguir

Las hojas de los árboles caen
aleatoria e imperfectas,
con ellas, todas mis expectativa
llevar esto a buen término.

En su momento,
que ingenuo fui...
pensé que podría llevar
con entereza este tiempo.

Entendí que sería fuerte,
sería capaz de aprisionar mi corazón,
dejando a un lado los sentimientos
y vivir mis sueños;
pero la realidad es otra,
todos esos sueños caen
como las hojas, para ser pisadas...
Axel costa

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CASA ABIERTA

Mis secretos gritan fuerte.
No tengo necesidad de lengua.
Mi corazón ofrece hospitalidad,
Mis puertas se abren libremente.
Una épica de los ojos
Mi amor, sin ningún disfraz.

Mis verdades están todas previstas,
Esta angustia revelada a sí misma.
Estoy desnudo hasta los huesos,
Con la desnudez me escudo.
Lo que uso es el mí mismo:
Conservo sobrio el espíritu.

La ira permanecerá,
Los actos dirán la verdad
En lenguaje exacto y puro
Detengo la engañadora boca:
La furia reduce mi más claro grito
A una agonía tonta.

Autor del poema: Theodore Roethke

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BALANCE

Es terrible no encontrar a dónde ir...

De las casas unas están destruidas,
sin lecho, a oscuras y con telas de araña,
con lepras en los muros y con espectros tristes,
otras se alzan tan falsas como un decorado.

Del palacio o la casa encantada,
la tapicería vemos gastada, anticuada.
No hay belleza en aquel lugar, no hay misterio,
y continuamos nuestro aislado camino,
en el jardín gotea el surtidor del cansancio.

Hay posadas que ya no se abren más por nosotros,
con las que hemos perdido el contacto,
cuando exentos de excusa, buscamos,
titubeantes como un extranjero,
o aun como mendigos, lejanos, extraños...

Es terrible no saber a dónde ir,
al final del día muerto
a la hora en que a veces se bebe, o se mata.

Encontrar que no hay sendero,
no hay camino, no hay puerta, donde llamar,
en la fatua sonrisa del triunfo,
o en el pobre final, consumida ¡la Casa del Alma!

Autor del poema: Mario Rivero

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