56 Poemas tristes 

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ESPEJO NO

Espejo no: marca luminosa,
marca blanca.

Conforme en todo al movimiento
con que respira el agua

¡cómo se inflama en su delgada prisa
marea alta

y alumbra - qué pureza de contornos,
qué piel de flor - la distancia,

desnuda ya de peso,
ya de eminente claridad helada!

Conforme en todo a la molicie
con que reposa el agua,

¡cómo se vuelve hondura, hondura,
marea baja,

y más cristal que luz, más ojo,
intenta una mirada

en la que - espectros de color - las formas,
las claras, bellas, mal heridas, sangran!

Autor del poema: José Gorostiza

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TODO ESTÁ LLENO DE TI

Todo está lleno de ti,
y todo de mí está lleno:
llenas están las ciudades,
igual que los cementerios
de ti, por todas las casas,
de mí, por todos los cuerpos.

Por las calles voy dejando
algo que voy recogiendo:
pedazos de vida mía
venidos desde muy lejos.

Voy alado a la agonía,
arrastrándome me veo
en el umbral, en el fondo
latente del nacimiento.

Todo está lleno de mí:
de algo que es tuyo y recuerdo
perdido, pero encontrado
alguna vez, algún tiempo.

Tiempo que se queda atrás
decididamente negro,
indeleblemente rojo,
dorado sobre tu cuerpo.

Todo está lleno de ti,
traspasado de tu pelo:
de algo que no he conseguido
y que busco entre tus huesos.

Autor del poema: Miguel Hernández

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EL NIÑO Y EL MAR

Enviado por don_nadie  Seguir

————EL NIÑO Y EL MAR————
SONETO


No seas cruel, gran e imponente
mar, con éste, tu niño: Frente a la marea
yergue su amado castillo; inocente.
Déjalo besar tu piel nívea

con sus pies descalzos, ve a aquella gente
—que creé haber dejado huella en otra era—
con ojos mansos. Deja a un lado tu tridente:
Que tome el timón de su galera,

hasta que el viento lo lleve al puerto
donde todo navío naufraga: Bajo la duna
donde, huella y castillo paran: En la ensenada

de una extravia playa. Un desierto
donde llegas, sin sol, sin arena, sin luna
llena, brillo, o estrella: Sin nada.


————D.N————
27/01/2019

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LAS TARDES DE ENERO

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en en alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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lunares entre semana

Enviado por elstencil  Seguir

EN OCASIONES TE ENCUENTRAS DE UNA FORMA DISTINTA A TU SER A TU MENTE Y SOLAMENTE TE DETIENES UN INSTANTE PARA DARTE CUENTA DE LO QUE TU CUERPO ESTÁ HACIENDO Y TODO EL CONCEPTO DE MODO ME ACOMODO PARA VOLAR EL HUMO SIEMPRE LLEVA EL VOLANTE TE LLAMO LUEGO TENGO QUE COLGAR
Descansas en tu habitación infinita, voy a Envolverte en una sábana blanca, pintarte los labios de sangre pues tu piel es pálida, cortar tu cadena que frena el poderte abrazar matar los perjuicios que desde la gran explosión la energía oscura se decidió asignar voy a transitar por la nebulosa y visitar la tumba de Antonio ¿le digo que lo mandaste a saludar? yo andaré cuidando siempre sus ojos su aroma y todo lo que provocas en mi tendré que sonreír si algún planeta se enamora de ti
SEGUIDO ME ENCUENTRO DE UNA FORMA DISTINTA A TU SER A TU CUERPO Y SOLAMENTE TE DETIENES UN INSTANTE PARA DARTE CUENTA DE LO QUE TU MENTE ESTÁ HACIENDO Y TODO EL CONCEPTO, DE MODO QUE YA ESTOY SORDO PARA ESCUCHAR EL HUMO SIEMPRE LLEVA EL VOLANTE TE LLAMO LUEGO TENGO QUE FUMAR
Estoy traspasando el momento a una hoja de papel pero el temblor de la habitación como una lámpara de lava a mis pupilas las comienza a retorcer a desborrar a deformar, la llamada a celular a mi cerebro a un sigue cuerdo eso recuerdo pero me acuerdo que me da igual ,me siento igual libre como liebre en pleno pensamiento y no sé a dónde iré a parar, en todo este mundo está oscuro, aún sigo aquí, tengo frió, unas cuantas estalactitas de hielo viajan en lo que queda de sangre diminutos aviones de áspero papel y se evaporan en un suspiro repetido por mi tiempo pensando en el escrito que será para ti ,el aire que provoca cuando está en su casa, me come, fuma sin censura por los poros de mi piel madrugada tras madrugada, solo mi cobertor me tapa, otra noche en mi azotea, por tu existir me considero afortunado
EN OCASIONES TE ENCUENTRAS DE UNA FORMA DISTINTA A TU SER, perdón es que ya regreso pero te amo tengo que colgar.

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VUELA LA NOCHE ANTIGUA DE ERECCIONES

Vuela la noche antigua de erecciones,
Muertas, como las manos, a la aurora.
Un clavel prolongado desmejora,
Hasta empalidecerlos, los limones.

Contra lo oscuro cimbran esquilones,
Y émbolos de una azul desnatadora
Mueven entre la sangre batidora
Un vertido rodar de cangilones.

Cuando el cielo se arranca su armadura
Y en un errante nido de basura
Le grita un ojo al sol recién abierto.

Futuro en las entrañas sueña el trigo,
Llamando al hombre para ser testigo...
Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.

Autor del poema: Rafael Alberti

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LA CASA DEL SILENCIO

La casa del silencio
se yergue en un rincón de la montaña,
con el capuz de tejas carcomido.
Y parece tan dócil
que apenas se conmueve con el ruido
de algún árbol cercano, donde sueña
el amoroso cónclave de un nido.

Tal vez nadie la habita
ni la quiere,
Y acaso nunca la vivieron hombres;
pero su lento corazón palpita
con un profundo latir de resignando,
cuando el rumor la hiere
y la sangra del trémulo costado.

Imagino, en la casa del silencio,
un patio luminoso, decorado
por la hierba que roe las canales
y un muro despintado
al caer de las lluvias torrenciales.

Y en las noches azules,
la pienso conturbada si adivina
un balbucir de luz en sus escaños,
y la oigo verter con un ruido
ya casi imperceptible, contenido,
su lor paternal de tres mil años.

Autor del poema: José Gorostiza

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AUSCHWITZ

“A todos los judíos del mundo,
mis amigos, mis hermanos”

Estos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, «gran cicerone»)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
Acuérdate que en tu «Infierno»
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo
¡Solo! Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo! ¡Chist!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

Autor del poema: León Felipe

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las muertes de xochitl

Enviado por elstencil  Seguir

Tengo miedo de cada noche,
mis pupilas no captan los movimientos y eso ase que me derrita,
luna
hoy se ha ido y no sé que a ser el público esta dormido no me pueden ver,
tengo frio y no va a volver,
sol
a muerto Xóchitl me enamora su olor,
la amo tanto que drogaría su dolor,
No sufras mas pero por favor no te vallas
me as ganado en pelea y hoy me abandonas en batalla,
La muerte se esta adentrando en ti tendré que perseguirla para rogarle que te deje vivir,
te amo tanto,
hoy novia mia se esta muriendo xochitl
un trasplante de agua quería y no mas tragos de día,
los hilos de sus manos me cosieron a ella
como un botón de chocolate fundido con leña
y es que tan solo no se puede ir a respirar me enseña,
de los pocos colores que captan mis ojos ella es la dueña,
OYE A MUERTO MI FLOR
Y ES TAN FUERTE ESTE MALDITO DOLOR
QUE ME SECARE CON ELLA...

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Alas rotas

Enviado por fridah  Seguir

Yo era como un ángel que volaba tranquilamente en el cielo, todos los días la brisa rozaba mi rostro de una manera tan delicada que me sentía en calma.
El aire alborotada mi cabello de oro, los rizos se despeinaban lentamente hasta que mi cabello se volvía una melena gruesa y salvaje.
El aroma que desprendían de las rosas me hacía suspirar de una manera tan apasionada, las nubes eran tan suaves y sedosas que de ellas no queria despegarme.
Lo que mis pequeños ojos color esmeralda estaban a punto de observar era algo increíblemente inoportuno.
A lo lejos pude divisar otro ángel, su cabello era sedoso, sus ojos eran tan azules como el agua cristalina que recorrían las corriente de los ríos, todas las aves cantaban en conjunto una hermosa melodía.

Jamas habia visto tan bello atardecer como en aquel dia en el que tú te apareciste, el sol se hacia aun mas amarillento y grande, podía sentir el aire fresco sobre mis alas, pense que como todo giraba a tu entorno, serias alguien realmente especial de gran corazón, un alma gentil y humilde, un ángel guardián de todos aquellos que no contaban con sus alas. De aquellos que tenían malos sentimientos, malos pensamientos, visualización del mundo de una forma incorrecta.
En realidad solo llevabas un disfraz, engañabas a todo aquel que se atravesaba a lo largo de tu paso, esas alas blancas que representaban honor y pureza.
Eran algo que a ti claramente no te pertenecian, al acercarte mas a mi pude observar en tu mirada que no eras puro de corazón que mientras mas sonries mas oscuro se vuelve el mundo y es así que cuando deje que te acercaras mucho más a mi, un dolor profundo recorrió alrededor de mi espalda y pecho. Mis alas habías cortado de una manera tan cruel, mis lagrimas cayeron de poco a poco y del cielo me derrumbe.

"POEMA SOBRE LAS FALSAS IDENTIDADES DE LAS PERSONAS"

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MACABRO EPIDÉMICO

Indecoroso es aquel que aborrece
la apariencia de su envoltura carnal,
el tejido fugaz cosido sobre el hueso,
la vestidura del esqueleto,
el ropaje ni vellón ni pelo,
la capa del mal y la desesperación,
el velo largamente violado
por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
odio mi vestido epidérmico,
la salvaje obscenidad de la sangre,
los andrajos de mi anatomía,
y voluntariamente haría caso omiso
de los falsos atavíos del sentido,
para dormir impúdicamente, como el más
encarnado y carnal espectro.

Autor del poema: Theodore Roethke

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HABITACIONES PRESTADAS

Era un sonar de llaves indecisas.
Un ruido profundo de ascensores;
inquietados huéspedes de aquellos edificios
de la periferia, dorados por la tarde.
Era buscar a ciegas
interruptores de luz, como quien busca
en esas bibliotecas truculentas
el secreto resorte
que conduce a la cámara privada,
al sitio inconfesable. Era el olor
de sábanas extrañas, y el olor
desconsolado de los cuartos
de huéspedes, con libros y revistas
de desecho. Era
vestirse con el frío. Salir de allí
de nuevo como extraños.
Más unidos, en fin, por una sombra.
El amor tiene ahora en el recuerdo
olor a cuartos húmedos
y el sonido furtivo de una puerta al abrirse.

Autor del poema: Felipe Benítez Reyes

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LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
- ginebra y cerveza, por ejemplo -
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en "Dulce pájaro de juventud"
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre "Le livre des masques" de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas

Autor del poema: Leopoldo María Panero

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Ciudadano de la ausencia

Enviado por erikdelacalle  Seguir

hoy ya no soy el dueño del mundo

las calles se han vuelto ajenas

igual que la tierra bajo mis pies



esta aguacero canalla que no perdona

y exige refugiarme

cuando no tengo mano qué tomar

ni santo al que acogerme

también ha dejado de ser mío



ya no es mía esta ciudad ni el lodo de sus charcos

las vitrinas húmedas me devuelven un reflejo forastero

las luces de los autos no dejan rincón de oscuridad donde esconderme



en esta precisa noche en la que me he convertido

en el tesorero de todos los números rojos de tu contabilidad

en esta malaventurada noche en la que ya nada es mío

(ni volverá a serlo nunca)

el sol trasnochado se despidió invitándome al país de la tormenta sin fin



camino
camino
camino
y camino

para ganar la carrera al nubazón

al menos por unos segundos

y así olvidar todo

menos mi única protección



ángel de la fuerza, defiéndeme

príncipe de las tinieblas, cuídame



cuídame

porque no soy de lo peor que ha parido esta ciudad



y aunque no soy de aquí

ni de allá

no me rehuso a aquí

ni renuncio a allá



humanamente osado de creer que soy y pertenezco

a un pedazo de mundo que no me pertenece

llamaré hogar a cualquier piedra que me cubra

y desde ahí incapaz de escapar de mí

abrazaré gustoso esta soledad que me congela y me persigue

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EL PESO SOBRE LOS HOMBROS HOY...

Enviado por yedra  Seguir

EL PESO SOBRE LOS HOMBROS


Hoy te recordé.
Hacia tanto tiempo que no lo hacía...
Me sentí triste a lo largo del día...
contrariedades,problemas y sinsabores que colocaban un velo de melancolía en mi caminar por esas calles medio desiertas.



A veces no se puede evitar ver un túnel oscuro delante de los ojos
y el desaliento invade sin querer los recovecos del corazón.
Y en ese triste caminar,te recordé padre.
¿Cuantas veces habrás sentido,padre,este peso sobre los hombros?
El peso de los días tristes,de los sueños que no se cumplen...de que casi nada se ajusta a tus deseos e ilusiones.

¿Cuántas veces no habrás podido conciliar el sueño,por pensamientos inquietos? ¿cuantas veces el temor al porvenir te ha pesado en el corazón?

Hoy yo siento este peso sobre los hombros,como sin duda tu lo sentiste en tu caminar, ¡y hoy,querido padre! ¡me acordé de ti!


Mañana será otro día,quizás me olvidare por un día más del peso que nos agobia en la vida,y sonreiré y las preocupaciones volarán sobre otros cielos,pero no podré olvidarme de ti y de que a estas alturas de la vida...compartimos ese mismo peso sobre los hombros,que ayer tú sentiste y hoy yo siento.

Y te comprendo hoy padre,lo que no te pude comprender en días pasados,pues ya recorro ese mismo camino que tu ya cruzaste y hoy me toca cruzar a mi.


A MI PADRE,

Autor:yedra

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PRELUDIO

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que —ensombrecido en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas—
guarda un ángel de sueño en la ventana.
¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?
Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar
¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
—así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra—
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.
¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí, entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?
Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí —escapada al dardo
tenaz de la estatura—
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?
Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira —como un soplo— cauta
sobre bisagras de secreta lama,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

Autor del poema: José Gorostiza

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