55 Poemas tristes 

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RABIA Y DOLOR

Enviado por doblezeroo  Seguir

11 Julio 2017, 20:15

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Yo llevo un dolor a bordo
que va surcando mis venas,
va cruzando mis arterias
en torrentes caudalosos
cuando mi alma le recuerda.

Tibia humedad por mis ojos
se ha cosechado de pena,
entre pestañas que tiemblan
que van perdiendo el aplomo
mientras me ciega una niebla.

Bajará una lagrima pronto
como cuerpo que se cuelga
de la rama de una higuera,
cayendo como de plomo
queriendo atravesar el planeta.

Ya temblequean mis pupilas,
se estremecen las estrellas
bajo los hombros de la tierra
y dos lagrimas se suicidan
porque él ya no está cerca.

Te lo llevaste...
y sentí romper y quebrarse
por pulsos de aquel silencio
en cuotas y partes de cristales
la cúpula del cielo.

Te lo llevaste...
y sentí, a lo lejos, el trote del viento
que sopló en los oídos
como un tornado de guerra y llanto
cayendo al vacío.

Te lo llevaste...
abandonando mi esperanza,
con el alma contraída,
hincándome en la noche,
vencido de rodillas.

Escarbaré tu tierra hasta vaciarte,
hasta romperme los dedos,
toda el agua de los océanos beberte,
hasta empapar mis huesos.

De un rayo tuyo te lo llevaste
de muerte envenenado,
¡¡no perdono nada ni a nadie!!,
tu no lo has perdonado.

Voy rasgar el poema de rabia eterna
y la pluma atravesarla en la mesa
con la lagrima de mi dolor derramada
por el canal de mi vena agrietada.

¡¡No perdono a nadie ni a nada!!.


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AQUELLA VEDETTE

Enviado por doblezeroo  Seguir

14 Junio 2017, 19:10

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La presencia de una rosa escondían tus pasos
y tus ojos, pasando como una flecha lenta entre la brisa,
manejaban la pasión nocturna de los zafiros rasgados
con que las gatas sensuales conquistan los tejados
mientras un sexo insufrible brilla en sus pupilas.

Cierras la función en el eco de tres palmas sordas sin falsetas
y recoges la llave de tu joyero oxidado
donde guardabas, junto a la jeringuilla,
las fantasías que ya no recuerdas de una joven estrella
que encerraste soñadora en tu cartel de la Gran Vía.

Querías ser vedette, de las que no tocan el cigarro,
pero lanzan corazones de humo que nadie puede recoger
al par que coleccionan suspiros entre barras con saliva
deambulando en camerinos de maquillaje y tabaco.

Querías ser vedette y te quedaste en heroína.

Pero una noche te marchaste con la esquina
como un baúl de la Revista destartalado
en el vagón humeante de un tren de mercancías
con un collar sin escote, un perfume sin aroma
un anillo sin compasión, un rostro sin caricias
una historia sin poemas, un retrato sin memoria,
un beso sin alma.

Alguien reconoció en la acera tu cuerpo disecado,
cuentan que aun desprendía el olor a primavera
de las fantasías de una niña adolescente.


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SER RÍO SIN PECES

Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.

A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.

Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.
Ay, pero a veces hondo y sosegado
se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado.

Autor del poema: Rosario Castellanos

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ME SOBRA EL CORAZÓN

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

Autor del poema: Miguel Hernández

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